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    Reinventando la industria musical
    Mayo 3, 2021 | 6 min de lectura | Carlos Valenzuela

    Desde la fundación de la primera compañía discográfica, Columbia Records, en 1889, la industria de la música ha cambiado y hoy vive su momento de mayor aceleración, pues las nuevas necesidades de trabajadores y consumidores abren muchas más oportunidades de las que nos imaginamos.

    A medida que la música se popularizó y formalizó como industria a finales de la II Guerra Mundial, los grandes sellos discográficos representaban un monopolio para manipular y controlar los gustos y tendencias de moda. Los sellos identificarían a los artistas potencialmente exitosos en su camino hacia la cima y les proporcionarían los recursos necesarios para grabar con la esperanza de que algunos de los artistas se convirtieran en estrellas. Un sueño reservado para una elite. Sin embargo, esto se está convirtiendo en un paradigma cada vez más obsoleto a medida que más artistas están grabando y produciendo su propia música.

    Podría decirse que el cambio más significativo en la producción musical es que los artistas ya no necesitan un estudio profesional para grabar. Anteriormente, la música se grabaría en vivo mientras los productores mezclaban al unísono en grandes consolas análogas. En los años 50 y 60, la grabación multi-pista cambió el paradigma permitiendo grabar pistas individuales antes de mezclarlas.

    Ahora, la grabación digital ha reducido radicalmente la cantidad de herramientas necesarios para grabar álbumes. Inclusive, no hay necesidad de un espacio sofisticado, y los artistas pueden mezclar, crear y difundir su música desde dispositivos portátiles. En últimos tiempos, el proceso de producción híbrido ha venido a unir lo mejor de ambos mundos, la portabilidad y rapidez de la tecnología con la delicadeza y precisión de lo análogo. Se ha venido hablando de esta integración desde hace un par de décadas, y sin embargo, son pocos los que han podido dar con el mix ideal para producir éxitos a gran escala.

    Más música, más creadores y más negocios

    De esta forma, el proceso de creación y producción musical se hace cada vez más rápido, tenemos más propuestas musicales y obtenemos el resultado final de forma casi instantánea en la palma de la mano. Los álbumes ya no representan la primera fuente de ingresos a nivel de formato, y cada vez, el streaming y los eventos se apoderan más de las primeras posiciones.

    Lo anterior, ha traído a la conversación una necesidad de adaptación de los modelos de negocio — y un replanteamiento a nivel de rol de todos los jugadores alrededor de la industria. Por ejemplo, Spotify a través de su plataforma Soundbetter, ha unido a la creciente ola de artistas que buscan profesionalizarse con profesionales de la música freelance dispuestos a aportar su conocimiento para materializar una visión creativa. Por otro lado, hay productoras de entretenimiento como Live Nation que buscan cubrir todos los puntos de contacto con el fanático y brindar experiencias cada vez más inmersivas.

     

    El papel del productor: difuminando fronteras para crear valor creativo

    Los avances en tecnología son indudablemente influyentes y el papel del productor musical también ha cambiado durante ese tiempo. El artista anteriormente confiaba en el productor para que le diera un ojo crítico de dirección artística y en su equipo técnico para realizar las adecuaciones necesarias, pero se esperaba que mantuviera una distancia del proceso creativo. Esto ha cambiado ahora, ya que los artistas pueden producir su propio material de forma independiente. De tal caso que, para mantener valor, los equipos se han reducido obligando al productor a adoptar distintos roles, al tiempo que se han convertido en un protagonista del proceso creativo y más cercanos en la materialización de la visión creativa del artista.

    A veces, el productor incluso eclipsará al artista, y el cantante o la banda que antes acaparaba el centro de atención, pasará a segundo plano, como en el caso de Jay-Z, Kanye West o Dr. Dre, que por sí mismos tienen mayor reconocimiento que la mayoría de los artistas que producen. Algunos de los productores más prolíficos como Fab Dupont o Chris Lord han capitalizado en su renombre para diversificar sus fuentes de ingresos más allá del estudio a través de productos licenciados, plataformas educativas (ej. Puremix), podcast, entre otros.

    En Thrust, tuvimos la oportunidad de colaborar con uno de los principales exponentes de la producción híbrida en el mercado internacional: Carlos Castro. Ingeniero, productor y mixer radicado en Los Angeles, California con más de treinta años de experiencia. Carlos ha acumulado múltiples reconocimientos de entre los cuales destacan trece nominaciones a los premios Grammy y docenas de álbumes para artistas desde de la talla de Luis Miguel o Selena Gomez, hasta artistas emergentes que un futuro darán mucho de que hablar como Lara Mrgic.

    Por ejemplo, su último gran proyecto consistió en colaborar, por medio de su multi-galardonado estudio de grabación Watersound, con Netflix en donde el productor Kiko Cibrián grabó a Diego Boneta cantando algunas de las canciones que forman parte de la segunda temporada de la aclamada serie acerca de la vida de Luis Miguel.

    A partir del conocimiento que obtuvimos y el rápido periodo de cambio en el que se encuentra la industria, co-creamos con Carlos un modelo de negocio que engloba diferentes roles, gracias a las múltiples habilidades de Carlos. Entendimos la necesidad de redefinir el rol del productor, para lo cual, utilizamos el símil de la cocina de autor, donde los chefs mezclan ingredientes de una forma personalizada, y desde su intuición profesional para abordan retos de manera periférica con un alto nivel de expertise. Esto, nos llevó a desarrollar un modelo de servicios híbrido que fusione herramientas digitales y análogas, lo que permite ofrecer proyectos altamente personalizados.

    Este enfoque se tradujo en una metodología híbrida que co-creamos con Carlos para transmitir un sentido de precisión, pasión y fidelidad al sonido en distintos roles adaptables que encienden el espíritu creativo de los artistas. Un proceso al cual le llamamos encontrar el TrueSound.


    Thrust es una consultora de innovación estratégica especializada en el diseño de productos, servicios, culturas y Organizaciones Responsivas, preparadas para anticipar y resolver las necesidades de un mundo en constante movimiento.

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